Conocemos la ciudad gracias a procedimientos basados en la observación, con topógrafos o por fotointerpretación, mediante grandes y caros recursos con los que solo conseguimos obtener una imagen estática de un sistema que está en constante transformación. También la conocemos, la vivimos, mediante la experiencia personal. Nuestros sentidos y memoria nos proporcionan un sistema potente y sutil de conocimiento y análisis del medio, pero la información resultante está sujeta a limitaciones de tiempo, alcance y transmisividad. Ninguno de los dos procedimientos sirven para planificar, administrar, utilizar o aplicar tecnología urbana con eficiencia. Por eso hay que construir nuevos procedimientos basados en las TIC y la Colaboración. Procedimientos capaces de seguir su ritmo de cambio, que aporten la capacidad de interpretación humana del medio, y que abarquen desde la planificación urbana, hasta la descripción física y funcional del último elemento material o inmaterial y de sus interrelaciones. La Colaboración será abierta cuando ayuda a las instituciones, empresas, asociaciones o ciudadanos a compartir su información espacial sobre cualquier aspecto territorial. Y será Colaboración reglada cuando el propietario de la información exija a quienes efectúan transformaciones territoriales, que sus proyectos y operaciones de cambio incluyan una porción digital, normalizada y transaccional, apta para para mantener una imagen virtual del territorio construida sistemáticamente.

LA OBSERVACIÓN

Comprendemos, planificamos, navegamos o analizamos nuestro mundo y nuestras ciudades, con mapas construidos mediante técnicas de observación. Se mide, se dibuja y se representa lo que vemos, en directo o por telemetría. Construimos una imagen de un mundo que tiene muchos aspectos, cada uno con distintas velocidades de cambio, desde aspectos tan estáticos como los geomorfológicos, algo más dinámicos como la estructura de los ecosistemas, hasta los muy dinámicos como el clima, la estructura urbana o el tráfico de nuestros territorios.

La estructura de nuestras ciudades es el resultado de las actividades humanas de análisis y planificación, de construcción y de uso. Trabajando de forma incansable, bien dentro de la legalidad o por procedimientos informales. Actividades que llevan a cabo los promotores y agentes inmobiliarios, los urbanistas, los arquitectos, los ingenieros, los propios ciudadanos, las instituciones públicas o las privadas. Remodelando el territorio para responder a la demanda urbana y formando un mercado que representa un porcentaje muy significativo del PIB nacional.

Por otro lado, esos mismos actores, junto con las organizaciones gestoras de las ciudades y sus departamentos técnicos dedicados al urbanismo, el catastro, la seguridad, la protección civil, las infraestructuras, la movilidad o el medio ambiente entre otros, deben adoptar constantemente decisiones territoriales. Siempre es conveniente que lo hagan con información geográfica cierta y actualizada de la conformación del territorio, aunque no sea imprescindible, pero sin ella se incrementa el riesgo de tomar decisiones inadecuadas.

Actualmente, para conseguir información territorial, los gestores territoriales y las empresas consumen enormes recursos en departamentos cartográficos que intentan proporcionarles datos geográficos observados, siempre en constante actualización, pero siempre un paso por detrás de la realidad, un paso tanto más largo, cuantos menores sean los recursos técnicos y económicos de que disponga el gestor. A veces ese paso es tan largo que la información disponible deja de ser útil, los procesos de cambio la han mutado en obsoleta y fiar decisiones en ella será incluso peligroso.La transición desde los sistemas de papel a los digitales ha facilitado mucho el trabajo, incrementando la usabilidad, la precisión y la calidad final del resultado, pero no ha alterado de forma sustancial la metodología de trabajo ni ha aportado productos nuevos.

Hasta ahora estos sistemas cartográficos han servido para diseñar la ciudad y controlar sus aspectos básicos, porque no había otra solución. Pero la situación ha mejorado con la aparición de nuevos sistemas de información geográfica baratos y eficientes, de nuevos estándares GIS abiertos, de la universalización del uso de los sistemas GPS y con la demostración de las enormes posibilidades de difusión de información geográfica por Internet. Los nuevos sistemas de información territorial han salido del entorno de las oficinas técnicas, y de su alcance limitado a la producción de proyectos, para convertirse en una herramienta de uso generalizado, a la que se demandan prestaciones y contenidos cada día más sofisticados, tanto desde las instituciones, como desde el mundo empresarial o los ciudadanos.

Esta presión está provocando una crisis sobre los modos de adquisición de la información territorial, sobre los sistemas de tratamiento y verificación de los datos, sobre los sistemas de almacenamiento y, muy especialmente, sobre los sistemas de publicación y acceso a la información. Una crisis que se enfoca a nivel institucional mediante el desarrollo de Infraestructuras de Datos Espaciales; un gran paso adelante para compartir información geográfica, pero que debe aún evolucionar hacia un sistema de sistemas que garantice el adecuado nivel de integración y actualización y que asegure su utilidad pública y empresarial en competencia con las plataformas comerciales de mapas tales como Google Maps o Bing Maps, plataformas que están consiguiendo su objetivo de producir una versión virtual del mundo real accesible desde internet, extraordinariamente útil como soporte para decisiones de negocio.

A este escenario de adquisición de datos basado en la observación, vamos a llamarle “tradicional”, se ha incorporado un nuevo elemento de importancia vital y que es producto exclusivo de las TIC: la COLABORACIÓN. Sin la universalización del acceso a Internet la Colaboración nunca se podría haber planteado ni mucho menos extendido. Es notable destacar que toda la información sobre la estructura territorial existente en sistemas globales como Open Street Map, o gran parte de la que proporciona Google Maps, ya no proviene de empresas cartográficas, sino de la aportación desinteresada y voluntaria (o a veces involuntaria) de cientos de miles de personas e instituciones que observan el territorio y aportan datos. Cada vehículo que transita por el mundo con una aplicación de navegación abierta con acceso a Internet en su interior, está contribuyendo a crear y mantener la red viaria mundial y, además, está proporcionando la información suficiente para que los sistemas globales de navegación conozcan la situación del tráfico, aconsejen rutas óptimas e informen de los tiempos estimados de tránsito hasta el destino, haciendo casi inútiles las enormes inversiones municipales realizadas para el control del tráfico.

Este éxito se ha logrado multiplicando exponencialmente el número de sensores, porque cada colaborador pasa a ser un sensor inteligente, produciendo un efecto multiplicativo sobre la información disponible que hace rápidamente obsoleta cualquier otra técnica de recopilar y distribuir información masiva. En Internet se ha pasado en muy poco tiempo, de compartir únicamente páginas de información textual o infográfica a compartir también información geográfica, con un valor económico y funcional añadido de enorme importancia.

LA COLABORACIÓN ABIERTA

La Colaboración no solo incrementa el número de sensores de observación, también es capaz de crear nueva información que va más allá de la obtenida por la mera observación. La “cartografía de lo visible” pasa a ser la “cartografía de lo que existe”, donde cabe de todo: la cartografía de lo imaginado, de lo planificado, de los derechos y los deberes, de lo funcional, de lo subterráneo y aéreo, de lo cultural, de las ideas y de los movimientos sociales.

La potencia de la Colaboración está revolucionando la información geográfica disponible, pero su efectividad solo se incrementará si se establecen algunas condiciones:

a) Aportar información espacial debe ser sencillo y gratuito. No siempre ha sido fácil crear información espacial. La topografía y la cartografía han sido nichos de especialistas que utilizan maquinaria y técnicas caras y sofisticadas. Pero el GPS (y dentro de poco el proyecto Galileo) montado en dispositivos de uso común, nos permite geoposicionar datos con precisiones que en poco tiempo serán centimétricas. Dibujar sobre un mapa geometrías sencillas ya es posible y práctico, lo están demostrando plataformas como Carto, Mapbox, MangoMap o urbiThings que ayudan a usuarios, sin conocimientos de topografía o de GIS, a crear sofisticados mapas.

b) Obtener información espacial también debe ser sencillo y gratuito. Internet ha demostrado que el acceso a la información gratuita es un paso que no tiene vuelta atrás, por tanto, la información espacial también debe ser gratuita. Ya se ha pasado aquel momento en el que los organismos cartográficos públicos intentaban poner tarifas de venta de sus datos como forma de financiación de los elevados costes de creación de mapas. (aunque aún existen instituciones irreductibles que no han salido de su obcecación)

c) Los modelos de datos deben ser abiertos. Open Street Map o Google, en su parte colaborativa, han tenido un enorme éxito, pero tienen modelos de datos cerrados, no es posible aportar información que no encaje en su estructura. Pero cada ciudadano, empresa o institución dispuestos a aportar información puede tener una forma de expresión, un idioma o un interés distinto que necesitan un cauce propio de expresión. Tienen que tener la facultad de crear sus propios modelos de datos. Esta falta de estructura genera dispersión y puede dificultar la agregación o el análisis masivo, pero enriquece el contenido. Dejemos a los sistemas de localización inteligente que se ocupen de normalizar y extraer la información agregada.

d) La información aportada debe estar disponible como servicios WEB abiertos. El Open Geospatial Consortium (OGC) fue creado en 1994 y agrupa (en febrero de 2009) a 372 organizaciones públicas y privadas que han creado los estándares internacionales para distribuir información espacial (Web Map Services y Web Feature Services, entre otros). Con estos estándares es posible compartir datos espaciales abiertos en Internet con pocos recursos y mediante sistemas gratuitos. También ha quedado atrás el momento en que para crear y publicar información espacial era preciso pagar enormes cantidades de dinero en licencias y royalties por software propietario.

e) Los aportantes de datos espaciales deben disponer de plataformas gratuitas para crear y publicar sus datos. Las redes sociales como YouTube, Instagram o Facebook nos han demostrado la potencia que proporciona Internet para distribuir en pocos instantes información fotográfica o de vídeo de forma global. Sin duda tienen peligros, pero nadie discute su enorme utilidad. Producir vídeos no era una tarea sencilla hasta que los smartphones y los programas gratuitos de edición la han simplificado, hasta el punto de que, con un mínimo entrenamiento, cualquier persona es capaz de producirlos y distribuirlos. Las plataformas de mapas deben seguir esa misma senda, poniendo a disposición de todos herramientas sencillas de producción y publicación de mapas y datos espaciales. Por ejemplo en eso está trabajando la plataforma de urbiThings, dando a sus usuarios la posibilidad de crear servicios de datos y mapas OGC de forma gratuita y de acceso universal.

Estos nuevos sistemas colaborativos serán de extrema utilidad en muy diversos ámbitos: para los municipios y regiones que no disponen de los medios para publicar sus mapas de utilidad pública, para las organizaciones sin ánimo de lucro que publican el alcance de su actividad, para las instituciones de investigación y docencia que podrán publicar los mapas de sus resultados, para las empresas y organizaciones privadas que publican su estructura comercial y su oferta, para las asociaciones ciudadanas y los propios ciudadanos que podrán expresar sus inquietudes, demandas, denuncias o actividades en forma de mapa.

En el caso concreto de los municipios y demás entes administrativos territoriales, la Colaboración abierta será vital para aunar el máximo de información disponible sobre su ámbito de actuación, de forma que incremente su visibilidad en Internet, como vía para atraer visitantes o inversiones y para facilitar a sus ciudadanos el conocimiento y uso de su ciudad y de su oferta. Aportando datos en campos tan diversos como el callejero, la situación del tráfico, los aparcamientos, los transportes públicos, los recursos turísticos, culturales, de ocio o de deporte, la actividad cívica, la oferta comercial y hotelera, la oferta de suelo industrial, residencial o terciario, los equipamientos, la oferta educativa, los servicios de seguridad, la actividad municipal, el programa político, los resultados electorales, la demografía, la ecología urbana o la agenda pública, por citar solamente algunos.

La Colaboración abierta no está sujeta a supervisión, más allá de las verificaciones que puedan realizar las plataformas de publicación para evitar información inadecuada, algo que en el mundo de los mapas es más complicado que en el mundo de los vídeos, pero no es imposible, porque puede producirse la publicación de lugares protegidos o de seguridad nacional, de datos con fines terroristas, de datos inconvenientes para menores de edad o de datos simplemente erróneos con buena o con mala fe. Esta falta de supervisión puede afectar a la fiabilidad de los datos y por eso los usuarios deberán asumir que la fiabilidad del dato estará derivada de la fiabilidad de la fuente. La Wikipedia nos ha demostrado que los procesos colaborativos de depuración funcionan, pues vamos a usarlos también para los datos espaciales. Serán los propios usuarios quienes valoren la calidad y utilidad de cada mapa y de cada dato mediante sus comentarios, votaciones o incluso enmiendas. Al final la Colaboración abierta producirá un universo de datos autorregulado, aunque siempre será más fiable la información proporcionada por un organismo público o una organización sin ánimo de lucro, que la proporcionada por una empresa o un ciudadano particular.

En este momento ya existen cientos de miles de mapas, producto de centenares de organizaciones, disponibles en Internet mediante servicios OGC. Muchos de ellos ya pueden ser consultados mediante los visualizadores de mapas propios de cada organización o mediante catálogos globales de mapas como urbiThings.

LA COLABORACIÓN REGLADA

En este escenario que proporciona la Colaboración abierta, de abundante información, aunque dispersa y no estructurada, el gestor territorial o una organización privada pueden tener dificultades para obtener exactamente el dato que necesitan para tomar decisiones, por eso es preciso habilitar otras formas de Colaboración, que aprovechen su potencia para construir información estructurada, nuevas formas que pasan por cumplir las siguientes condiciones:

a) La Colaboración reglada será el producto de un Acuerdo, público-privado, público-público o privado-privado, entre los actores y agentes que transforman los datos espaciales y las instituciones o empresas competentes para su gestión o propietarias de los datos finales.

b) El Acuerdo se adopta de forma explícita y obliga a ambas partes a contribuir en el sistema y ajustarse a sus reglas de funcionamiento.

c) En virtud del Acuerdo todo proyecto o intención de transformación de los datos espaciales tiene la obligación de realizar una descripción digital normalizada de los elementos que aporta o modifica.

d) Asimismo todo proyecto debe establecer, de forma estricta, las operaciones que efectúa o pretende efectuar sobre los elementos del sistema, de forma que un proceso automático pueda ejecutarlas, en el momento en que se autoricen, sobre la versión virtual del territorio.

e) Los proyectos de cambio pueden afectar a elementos de todo tipo: ámbitos de planificación, derechos sobre el suelo o las construcciones, edificios y construcciones de todo tipo, elementos de urbanización, infraestructura y redes de transporte, elementos de mobiliario urbano, obligaciones de conservación o mantenimiento, activos inmobiliarios, etc… Incluidas las relaciones de todo tipo existentes entre ellos.

Sobre estas bases, el territorio se representa mediante un correlato virtual, un Inventario o un conjunto de Inventarios asociados a territorios, que son propiedad de una institución, una empresa, una asociación o un ciudadano, donde las operaciones de entrada y salida de elementos se efectúan mediante geotransacciones contenidas en proyectos y operaciones de cambio, y que pueden ser comandadas desde los procedimientos administrativos ya existentes de autorización y control, cuando el propietario es una institución pública.

En definitiva, no es más que aplicar al Inventario territorial las mismas técnicas y procedimientos que las empresas vienen aplicando, desde hace muchos años, para mantener sus Inventarios de materias primas o de productos terminados, aunque, en este caso, las empresas son los organismos gestores de un territorio, los proveedores son los agentes transformadores del territorio y los clientes podemos ser todos.

El Inventario territorial, con ello, adquiere un protagonismo central como fuente de datos para quienes actúan sobre el territorio y como pasarela o enlace entre los objetos que forman el territorio y los usuarios del sistema de información:

a) Todo elemento del Inventario dispone de un Identificador propio y único que lo individualiza de forma universal.

b) Mediante su Identificador es posible acceder de forma unívoca a cada elemento desde Internet, de forma que sea posible obtener su información inventariada o enlazar con sistemas de todo tipo internos o propios del elemento como: información producida mediante colaboración abierta, hiperenlaces a sitios web relacionados con el elemento, datos de realidad aumentada que permiten la navegación real o ficticia por su interior, datos de aspecto exterior o volumetría actualizados o datos definidos adhoc y para cada momento por su propietario, en base a su interés comercial, turístico, cultural, social, de seguridad o de cualquier otro tipo.

c) El acceso a la información espacial habrá cambiado sustancialmente, porque el mapa pasará de ser una representación bidimensional de elementos estáticos con simbología temática, a ser una consulta proporcionada por servicios WEB de ubicación, una tecnología emergente que cambiará profundamente la forma de acceder a la información espacial y que nos permitirá obtener representaciones dinámicas de objetos para formar escenarios virtuales dinámicos. Escenarios que se reconstruyen en cada instante en función de las instrucciones emanadas de cada objeto contenido en ellos, objetos a los que se llega gracias al Inventario y a los servicios de ubicación.

d) Esta tecnología supone que la forma y representación de cada objeto del territorio en el escenario virtual no se obtiene de un servidor de mapas centralizado sino que se compone directamente por consulta a la carta de los objetos que forman la escena, que pueden estar cambiando dinámicamente su posición, su aspecto o su contenido, y adaptarse a los requisitos, dispositivos y necesidades de quien los solicita.

La Colaboración reglada formará el sustrato básico para el despliegue de la ciudad inteligente, porque proporcionará a todos los sistemas urbanos implicados un Inventario completo y seguro de los elementos que la componen y un medio de conexión con ellos, independiente de cada sistema y ligado a los procesos legales de planificación, transformación y gestión urbana. Esta conexión entre los procesos administrativos territoriales y los objetos implicados en ellos es la que asegura su calidad y grado de actualización.

Por ahora, salvo lo planteado por plataformas como urbiThings, no existen muchos ejemplos de Colaboración reglada por diversas razones:

a) Porque la información es poder y en muchas ocasiones no conviene compartir información que facilite una oportunidad política o comercial a la competencia.

b) Porque no es sencillo modificar el comportamiento del conjunto de profesionales y actores que participan en la transformación territorial, para que colaboren desinteresadamente en aportar información, y las estrategias de obligación, emanadas desde los entes administrativos, no son políticamente rentables. En el mundo empresarial la implantación de los ERP, ha sido posible gracias a que el ejercicio de la autoridad es más sencillo y a que el consejo de administración no cambia cada dos o cuatro años, con la pretensión de cambiar el modelo productivo de la empresa.

c) Porque las propias administraciones públicas no están preparadas para liderar la Colaboración público-privada y recoger eficazmente sus ventajas.

d) Porque no se han establecido los estándares industriales, terminológicos, de modelos de datos, de procedimientos y funciones que faciliten la integración y compartición de datos.

LA COLABORACIÓN M2M

Estamos llegando a un escenario, donde las comunicaciones entre personas serán solo una parte minoritaria del tráfico de Internet, la mayor parte estará ocupada por tráfico de datos entre máquinas (M2M). Pero el término máquina parece que limita los interlocutores a ordenadores, aunque efectivamente al final será entre ellos, pero serán ordenadores que representan a personas y a objetos del mundo:

a) Nuestro smartphone o nuestros implantes nos proporcionarán una interfaz de conectividad M2M para el acceso a una realidad extendida, en la que nuestros interlocutores no solo serán personas, sino también agentes inteligentes asociados a objetos urbanos. Nos proponen escenarios donde los edificios, las aceras, los pasos de peatones, las señales o los vehículos pueden establecer una conversación con nosotros, por un medio adaptado a las condiciones sensoriales o mentales de cada persona.

b) Habrá un despliegue extenso de agentes inteligentes, proporcionando un ecosistema digital inmersivo, que nos ayudará incrementar la eficacia de nuestras ciudades, a reducir al máximo su huella ecológica y a proporcionarnos un nuevo nivel de comprensión y uso del entorno urbano:

b.1) Para controlar nuestras viviendas, oficinas o locales, las naves industriales y optimizar su uso y funcionalidad.

b.2) Para gestionar las infraestructuras de agua, saneamiento, electricidad o datos, los sistemas urbanos de mantenimiento, de control del tráfico o de limpieza, el mobiliario urbano.

b.3) Para ayudar a la conducción de los vehículos públicos o privados mediante autómatas

b.4) Para que los agentes de control de tráfico puedan adaptar constantemente la configuración de la infraestructura viaria a las necesidades de cada momento.

c) Se establecerá un dialogo entre elementos urbanos, que ayudará a resolver la gestión de la movilidad, la eficiencia energética, la seguridad de las propiedades y de las persona, etc. Aún no tenemos una idea real de hasta dónde puede llegar la intervención de la inteligencia distribuida en el funcionamiento urbano.

La Colaboración M2M cerrará un proceso, que se inició con la observación personal, siguió con la teledetección y se amplió con la Colaboración abierta y reglada. Una nueva forma de Colaboración donde las cosas que forman el mundo y las relacionas que las conectan, serán proporcionada por ellas mismas, porque tendrán la inteligencia suficiente para autodescribirse y para interactuar con las personas o con las demás cosas que las rodean.

CONCLUSIONES

En el mundo de los datos espaciales y los mapas, hay una revolución pendiente, los avances, que ya utilizamos cotidianamente, de navegación y mapas, apenas dejan entrever sus posibilidades, ventajas e implicaciones futuras. La realidad aumentada y la realidad virtual, en un mundo de comunicaciones ultrarrápidas y de conectividad entre personas y máquinas, empiezan a hacer posibles esos escenarios que solo vimos en la ciencia ficción.

Su consecución no solo necesita avances tecnológicos, necesita la Colaboración, porque al final son las personas quienes crean y consumen la información. La potencia de Internet está basada en la tecnología, pero son los millones de personas que crean información quienes la hacen realmente útil. La información espacial producto de la Colaboración será el resultado de esa revolución.

Ignacio Arnaiz Eguren, Director, Arnaiz Urbimática